EL NACIMIENTO DE PTAH, DE EVELIO LUIS CAPOTE.

martes, 3 de noviembre de 2009



Cierta vez, un escriba de las tierras del norte llamado Teosebes me dijo muy convencido que todo emanaba de la Lengua de Ra-Harakhaté y todo volvía, cerrando un círculo formidable, a su Pensamiento. Para ese tiempo yo había abandonado Sais y aprovechando la nueva corriente del río me dirigía con premura a Luxor.
Me contaba el escriba que Lengua era una doncella de largos y hermosos cabellos trenzados llamada Hu, pero así era de bella, el despotismo y los más banales caprichos habían afeado su corazón. Me decía también Teosebes que Pensamiento era un muchacho agricultor de la ribera baja del Nilo llamado Sia, más bien de temperamento tibio y apático. Comentábame el escriba, imbuidos los dos por la brisa calma de un crepúsculo de inolvidable belleza, que la doncella Hu y el joven Sia se casaron en Menfis-procedían ambos de una aldea pobre cercana a Heliópolis-y a los nueve meses exacto nació, sobre el Montículo Primigenio, un niño deforme que pronto fue arrojado a un foso por parecerse demasiado a un íncubo peludo y voraz, de escamoso rabo. Seguía inspirado en su relato el escriba, mientras un triángulo de patos migratorios voló rasante a nuestra barcaza y anunciaba la noche. Pero el benéfico Ra-Harakhaté se compadeció del infeliz demonio casi muerto ya de hambre y pena convirtiéndolo en una imagen pétrea de Ptah, el buen dios. Lo colocó él mismo,con sus propias manos,en el Monte Primigenio donde había nacido.
Desde aquella hora los menfitas y heliopolitanos adoraron a Ptah y empezaron a consultar sumisos el oráculo de la Expresión del Sol. Hu y Sia murieron a causa de la humillación.
Cuando mi amigo de las tierras del norte acabó de revelarme historia tan rara-y conste que a pesar de la fábula él creía...-me acomodé como mejor pude en un rincón de proa. Era ya noche cerrada. Las sombras por doquier me pusieron triste. "Esto pasará", me dije. Por el tono de su voz comprendí que Teosebes hablaba alguna nimiedad con el barquero. Pensé: "¿Cómo se verá Luxor, el río, la tierra de Chemí...desde cualquier estrella?". Al amanecer, luego de una larga noche en que los fantasmas de Hu y Sia me produjeron las peores pesadillas de mi vida, desembarqué en Luxor. Relámpagos cortaban el horizonte. Al rato, todavía en los galpones despidiendo a Teosebes con el acostumbrado kon on pax de los iniciados en los misterios de Sais, una lluvia fina acompañada de niebla advertía la proximidad de la estación de las aguas. Busqué refugio junto a una columna del gran templo que ya le daba fama a Luxor. Pero grande fue mi sorpresa-¿miedo?-al distinguir una gigantesca figura de Ptah, ¿buen dios?, en la pared de la galería que me quedaba enfrente. En verdad su aspecto era siniestro.
Corrí gradas abajo; huí hacia el fango que generaba ratas pusilánimes.


©Evelio Luis Capote(Cruces,Cuba,1963-Lugo,España,1997)
Tomado de su libro de relatos Chandrasurya.

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