NERVAL Y EL SOL NEGRO DE LA MELANCOLIA

viernes, 22 de febrero de 2013


Los pelos del culo forman un poema simbólico, filosófico y plástico dividido en tres partes. La primera parte comprende la antigüedad griega, en la cual las mujeres tenían costumbre de depilarse. Vemos ahí a la Venus símbolo de la voluptuosidad y a la Psique símbolo de la ignorancia, dos estados del amor, y, por decirlo así, el cuerpo y el alma de los pelos del culo. Jasón, huyendo de la Medea depilada, busca el Vellocino de Oro en Asia, esa California del ideal amoroso.
La segunda parte comprende la Edad Media, los cuadros del Tiziano, la santa desnudez del arte que diviniza el cuerpo y reacciona por medio del esplendor de lo bello y lo verdadero contra el catolicismo de los Gregorio VII.
La tercera parte, finalmente, comprende la edad moderna, la edad hipócrita que no se atreve a reconocer la verdad y contemplar el desnudo. Así se pasa, una tras otra, por la edad de oro, la edad de plata, la edad de hierro; la mitología, el catolicismo y la Biblia, la ingenuidad griega, la serenidad antigua y la gazmoñería actual.


©Gérard de nerval(1808-1855)


Quien haya leído a Nerval sabe que sus heroínas literarias son sólo proyecciones de una Isis que modelaba su ideal femenino: todas las mujeres que de algún modo le remitiesen a la figura idílica de su madre que murió cuando él solo era un niño de siete años. Según una leyenda que forjó el propio Nerval, su madre fue salvada por el Emperador Napoléon al hallarla entre cadáveres en un puente sobre el Beresina. 
Su Madre, como una Virgen María; el Padre, como el Mesías de turno. Y el niño Gérard como producto de una Divina Concepción. 
En realidad, su verdadero padre fue un médico del Ejército a quién siempre respetó, pero nunca veneró(talvez porque, en sus sueños, es decir, en su segunda vida, su padre no era más que un Cornudo).
Adriana, Silvia, Aurelia, Angélica, Pandora...las Hijas del Fuego, el fuego que alimentaba su alquimia verbal, eran metonimias de aquella Isis, aquella Venus, aquella Psique depilada que representaban la ingenuidad griega, la serenidad antigua. Toda la obra de Nerval, su estilo, está impregnada de esa misma ingenuidad y serenidad, tanto en su poesía, en su teatro como en sus novelas o relatos de viajes. En vida, sólo se enamoró perdidamente de una mujer real, una actriz inglesa llamada Jenny Colon, opulenta como una figura femenina del Veronese y que tenía la frescura y el perfume de las rosas de Ofelia. Sin embargo, no está claro que hubiese habido algún contacto carnal entre ellos. No consta en ningún sitio que el poeta hubiese contemplado sus pelos íntimos o su desnudez depilada...
Nerval, siempre romántico, dandy, extravagante, compró- pensando en Jenny- una inmensa cama estilo Renacimiento, digna de una Diana de Poitiers o una Margarita de Valois que apenas cabía en su apartamento. En esa cama no se acostó nunca ni Jenny ni el propio poeta, ni nadie. O talvez haya comprado el mueble de madera finamente esculpida sólo obedeciendo a su fiebre de coleccionista,(también coleccionaba bibelots) objetos que al final regalaba a sus amigos o a cualquier vagabundo que le despertase alguna simpatía. Como sucede siempre en estos casos, la actriz prefirió casarse con un diplomático y falleció prematuramente en 1841. Nerval empieza a escribir cartas y cartas ahora dirigidas a una Jenny astral, otra proyección más de Isis.
Para consolarse de aquella muerte, el poeta inicia una larga peregrinación hacia Oriente, Jasón que huye de la Medea depilada en busca del Vellocino de Oro. "En el Cairo-según Ramón Gómez de la Serna- vive en una casa típica, se corta los cabellos y la barba al estilo del país, y anda por la calle perdido entre los indígenas, pues lleva el vestido de musulmán, descolorido y viejo de un cualquiera.(...)Se siente joven en ese rincón de Oriente donde reposa. Se enciende su naturaleza en una segunda consumación y hasta se enamora de una rubia Salema con la que por fatalidades insubsanables no puede casarse." En Constatinopla vivió gloriosos días de sensualidad en el harén de un Sultán. Talvez en Constantinopla concibió a los pelos del culo como un poema simbólico, filosófico y plástico...Nerval tenía esa ubicuidad espiritual que lo mismo le convertía en un pagano en Grecia o en Roma, un musulmán en Egipto o un monje budista o franciscano.
Oriente, los bosques de Valois, la Selva Negra, Alemania...fueron sus refugios espirituales. No era un loco, sino un iluminado pitagórico. Su esquizofrenia paranoica tenía más de exaltación mística, de euforia profética, aunque nunca se creyó nada, ni siquiera un poeta, sólo le interesaba el dinero para sus viajes o para gastarlo en la bohemia con sus amigos, que siempre fueron muchísimos: Gautier, Balzac, Alousius Bertrand, Arsène Houssaye, Baudelaire, Dumas,Berlioz, Catulle Mèndes, Goethe,etc.Al parecer, tenía fama de ser un fino humorista, además de un vividor de tabernas donde disfrutaba bebiendo, cantando y comiendo entre la chusma de París. Alejandro Dumas cuenta que una vez le mandó un giro con dinero a Nerval para que se reuniera con él en Francfort y así concebir el proyecto de una obra teatral. Gérard dejó plantado a Dumas durante varios dias porque se gastó todo el dinero en la compra de un mueble en una tienda de antigüedades. Al autor de La Reina Margot no le quedó más remedio que enviarle otro giro.
Una helada noche de invierno se apareció en casa de Gautier sin su paletó porque lo había empeñado para comprarse un anillo cabalístico. Y una tarde le dió por teñirse el pelo de rosa y pasearse por las calles de París llevando a una langosta atada con una cinta como si fuese un perrito. De sus amigos, fue Teóphile Gautier quien mejor lo definió: "como las golondrinas ,cuando uno deja una ventana abierta, entraba, se posaba dos o tres veces, pero retomaba el vuelo para seguir con sus ensoñaciones en plena calle."
La noche antes de colgarse con su propio cinturón en el calle de la Vieille Lanterne, estaba escribiendo El Sueño y la Vida. Se cansó de inventar recuerdos en vida. Se cansó de las reclusiones en el manicomio del Doctor Blanche. Se cansó de ir al Zoológico para contemplar estúpidamente al hipopótamo. Se cansó de ver al Otro, a él mismo en cada rincón de París, ya sea vestido de Napoleón, ya sea vestido de vagabundo harapiento. Se cansó de ver en cada esquina a una mendiga en forma de Aurelia, una Aurelia nimbada de estrellas. 
Nerval, que tanto disfrutaba contemplando amaneceres, no pudo acostumbrarse a ver el sol negro de la melancolía.

El sol negro de la melancolía,
los pelos del culo, la Selva Negra,
el sexo de Jenny
o
ese fúnebre murciélago de alas extendidas que profana toda blancura
en la esfera del vientre...
-según los versos de Efrén Rebolledo.




Tumba de Gérard de Nerval(1808-1855) en el cementerio de Père Lachaise, París.

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