TRADUCIENDO UN RELATO DE SALINGER.

miércoles, 28 de octubre de 2009


(He aquí mi traducción de este célebre cuento de Salinger. Lo tenía en un antiguo blog y ahora lo cuelgo de nuevo por aquí)


(THE HEART OF A BROKEN STORY.)



Justin Horgenschlag, un auxiliar de imprenta que ganaba treinta dólares la semana, diariamente veía- de cerca-alrededor de sesenta mujeres que jamás había visto antes. Así, en los pocos años que había vivido en Nueva York, Horgenschlag había visto -de cerca- alrededor de 75,120 mujeres diferentes. De estas 75,120 mujeres, aproximadamente 25,000 bajaban de los treinta o subían de los quince años de edad. De las 25,000, sólo 5000 pesaban entre cuarenta y ocho y sesenta kilogramos. De éstas 5000 sólo 1,000 no eran feas. Sólo 500 eran razonablamente atractivas;sólo 100 resultaban sumamente atractivas; sólo 25 podían inspirarle un largo y pausado silbido de admiración. Y de sólo una de ellas Horgenschlag se enamoró a primera vista.
Ahora bien, hay dos clases de femme fatale. Existe la femme fatale que es una femme fatale en toda la extensión de la palabra, y existe la femme fatale que no es una femme fatale en toda la extensión de esta palabra.
Se llamaba Shirley Lester. Tenía veinte años de edad(once años más joven que Horgernschlag), medía unos cinco pies(llevando su cabeza al nivel de los ojos de Horgenschlag), pesaba 53 kilogramos(más ligera que una pluma). Shirley era estenógrafa, vivía con su madre a quien tenía que mantener: Agnes Lester, una fan de Nelson Eddy. En cuanto a la apariencia de Shirley la gente solía describirla de este modo: "Shirley es tan guapa como la misma Virgen"
Una mañana bien temprano, en la Tercera Avenida, Horgenschlag se detuvo ante Shirley Lester y quedó muy contrariado. Todo fue porque Shirley abría la boca de una manera muy suya mientras leía un anuncio de cosméticos en un panel del autobús. Y cuando Shirley lee relaja ligeramente la mandíbula. Y en ese breve instante cuando la boca de Shirley se abría, los labios separándose, Shirley era posiblemente la más fatal en todo Manhattan. Horgenschlag vió en ella la panacea para ese monstruo gigantesco de la soledad que acechaba su corazón desde su llegada a Nueva York. ¡Oh, qué agonía! La agonía de permanecer junto a Shirley Lester y no ser capaz de inclinarse y besar sus labios abiertos. ¡Qué agonia tan inefable!


* * *


Así empezaba el relato que comencé a escribir para Collier´s. Estaba por escribir una tierna historia de chico-conoce-chica.Lo cual sería estupendo, pensé. EL mundo necesita historias de chico-conoce-chica pero, para escribir una, desgraciadamente, el escritor debe emprender la tarea de buscar a un chico que conozca a una chica. No puedo crearla con éstos. No tendría sentido. No logro que Horgenschlag y Shirley se junten debidamente. He aquí las razones:

Ciertamente, era imposible para Horgenschlag inclinarse y decir con total sinceridad:
"Lo siento, te amo demasiado, estoy chiflado por tí. Lo sé. Podría amarte por toda la vida. Yo soy un auxiliar de imprenta y gano treinta dólares a la semana. ¡Cielos! Cuánto te amo. ¿Estás ocupada esta noche?"
Este Horgenschlag puede que sea un tonto, pero no ese gran tonto. Talvez haya nacido ayer, pero no hoy. No se puede esperar que los lectores del Collier´s se traguen semejante bobada. Un níquel no es más que un níquel, después de todo.
Por supuesto, no podría de súbito darle a Horgenschlag un aire zalamero mezclando la vieja pitillera de William Powell y el vetusto sombrero de copa de Fred Astaire.

"Por favor,Señorita, no me interprete mal. Yo soy un ilustrador de revistas. Tome mi tarjeta. Me gustaría hacerle un boceto a usted tal como nunca había deseado hacerle un boceto a nadie en mi vida. Talvez este trabajo dejaría mutuas ventajas. ¿Podría llamarla por teléfono esta noche o en un futuro próximo?(Una breve y elegante sonrisa.) Espero no resultarle un desesperado.(Otra sonrisa). Supongo que lo estoy,de verdad."

¡Vaya,Vaya!. Esas líneas proferidas con una hastiada pero alegre y temeraria sonrisa. Si sólo Horgenschlag las hubiese pronunciado. Shirley, por supuesto, era también una fan de Nelson Eddy y una miembro activa de la Biblioteca Circulante de Keystone.
Talvez ya estáis empezando a ver con qué tenía que enfrentarme.

Es verdad, Horgenschlag podría haber dicho lo siguiente:
"Disculpe, no es usted Wilma Pritchard?"

A lo cual Shirley podría haber replicado fríamente y a la vez buscar un sitio neutral al otro lado del autobús:
"No."

"Esto tiene gracia," Horgenschlag podría haber continuado, " Yo juraría que tú eres Wilma Pritchard. Ahh, ¿tú no eres,por casualidad, de Seattle?"

"No"

"Seattle es mi ciudad natal"

(Punto muerto)

"Pequeña gran ciudad, Seattle. Quiero decir que es una pequeña pero también una gran ciudad. Yo sólo llevo aquí-quiero decir en Nueva York-cuatro años. Soy auxiliar de imprenta. Me llamo Justin Horgenschlag.

"Realmente" no me in-te-re-sa."

Ah,Horgenschlag podría haberse desmayado y mientras agarrarse a un asidero: el asidero sería el tobillo de Shirley. Podría haberle rasgado la media de ese modo, o maquillar su éxito con una digna huída. La gente querría dejar sitio al desvalido Horgenschlag, y él querría levantarse, musitando: "Estoy bien, gracias", entonces, "¡Caramba! Cuánto lo siento, señorita. He desgarrado su media.Debe dejar que yo se la pague. No tengo mucha pasta encima ahora mismo pero déjeme su dirección."
Shirley no habría querido darle su dirección, sino quedarse un poco incómoda, incapaz de expresarse. "No pasa nada", ella podría haber dicho,deseando que Horgerschlag nunca hubiese nacido. Por lo demás, todo esto es ilógico. Horgenschlag, un chico de Seattle, no querría haber soñado con aferrarse al tobillo de Shirley. No en un autobús de la Tercera Avenida.
Es mucho más lógico la posibilidad de que Horgenschlag esté desesperado. Todavía quedan hombres que aman desesperadamente. Talvez Horgenschlag sea uno de ellos. Podría haberle arrebatado el bolso a Shirley y correr hacia la puerta del fondo. Shirley habría gritado.Los hombres la habrían oído, y recordarían la escena de un western o algo así. Horgenschlag,digamos, está ahora arrestado. El autobús detenido. El patrullero Wilson, quien no ha hecho nunca un memorable arresto en su vida, está justo en el sitio perfecto. ¿Qué está pasando aqui? Agente, este hombre ha intentado robarme la cartera.

Horgenschlag fue llevado a los tribunales. Shirley, claro está, asistió al juicio. Ambos dieron sus direcciones: De ahí que Horgenschlag ya quedó informado de dónde estaba el divino hogar de la Shirley.

En la cárcel, Horgenschlag escribe la siguiente carta para Shirley Lester:
"Querida señorita Lester,
Yo no quería realmente robar su cartera. La tomé justo porque la amaba. Puede ver que yo sólo quería conocerla. ¿Podría usted escribirme una carta alguna vez si tiene tiempo? Me siento un infierno de solo aquí y la amo tanto y talvez incluso podría venir a verme alguna vez si tiene tiempo.
Su amigo,
Justin Horgenschlag"

Shirley le muestra la carta a todas sus amigas. Ellas dicen, "Oh, esto es lindo, Shirley". Shirley está de acuerdo en que, de algún modo, esto tiene algo de lindo. Talvez ella diría:" ¡Sí! Voy a responder. Dénme unos minutos.¿Acaso tengo algo que perder?" Y así, Shirley respondió a la carta de Horgenschlag.

"Querido Señor Horgenschlag:
He recibido su carta y realmente estoy muy apenada por lo que ha ocurrido. Desgraciadamente, muy poco podemos hacer por usted en este momento, pero me siento abominable por el curso que han tomado los acontecimientos. Sin embargo, su sentencia es corta y muy pronto estará libre. Le deseo mucha suerte.
Sinceramente suya,
Shirley Lester"

"Querida Señorita Lester:
Nunca sabrá usted cuán feliz me sentí cuando recibí su carta. No debería sentirse abominable de ninguna manera. Todo fue culpa mía por ser así tan loco así que no se sienta más de esa manera. Aquí vemos películas una vez a la semana y realmente no está tan mal. Tengo 31 años y soy de Seattle. Vivo en Nueva York desde hace 4 años y creo que es la única gran ciudad donde, por un momento, uno se puede sentirse horriblemente solo. Usted es la muchacha más hermosa que jamás he visto, incluso en Seattle. Me gustaría que viniese a verme algún sábado por la tarde durante las visitas que son de 2 a 4 y yo pagaré su billete de tren.
Su amigo,
Justin Horgenschlag"
Shirley querría enseñarle también esta carta a sus amigas, pero no responderla. Todo el mundo podía ver que este Horgenschlag era un bobo. Después de todo, ella había respondido a su primera carta. Si ella respondiese a esta estúpida carta la cosa podría prolongarse meses y todo lo demás. Ella hizo todo lo que pudo por ese hombre. Vaya nombre. Horgenschlag.

Mientras, en la cárcel Horgenschlag está pasando por malos momentos, aún con películas una vez por semana. Sus compañeros de celda son Snipe Morgan and Slicer Burker, dos muchachos de los bajos fondos, quienes vieron en la cara de Horgenschlag cierto parecido con un tipo de Chigago que una vez los chivateó. Estaban convencidos de que Ratface Ferrero y Justin Horgenschlag eran la misma persona.
"Pero yo no soy Ratface Ferrero"-les dice Horgenschlag

"¡No me jodas!"-dice Slicer, arrojando las escasas raciones de comida hacia el suelo.

"Te digo que yo estoy aquí porque le robé la cartera a una chica en la Tercera Avenida", suplica Horgenschlag."Sólo que, en realidad, no quería mangársela. Me enamoré de ella, y se me antojó ese modo como el único para llegar a conocerla.

"¡No me jodas!-dice Slicer

"-Machácale la cabeza",dice Snipe

Entonces, llega el día en que diecisiente presidiarios intentan una fuga. Durante el tiempo de recreación en el patio, Slicer Burke atrajo mañosamente hacia sus garras a Lisbeth Sue,sobrina del alcaide, de ocho años.Rodeó sus manazas de pulpo alrededor de aquella cinturita y levantó la niña hacia el cielo para que el alcaide pudiese verla.

"¡Eh, alcaide!"-grita Slicer-"¡Abre la verja o será el fin de la nenita!

"¡Yo no tengo miedo, tío Bert!"-grita Lisbeth Sue.

""¡Suelta a la niña, Slicer!"-ordena el alcaide, con toda la impotencia que transmitía aquella orden.

Pero Slicer sabe que tiene al alcaide justo donde él quiere. Diecisiete hombres y una niña rubia y menuda atraviesan la verja. Dieciseis hombres y una niña rubia y menuda logran salir sanos y salvos. El vigilante de una torreta ve una magnífica oportunidad de disparar a la cabeza de Slicer, y así destruir la unidad de aquel grupo de fugitivos. Pero falla, aunque logra derribar a un hombre de baja estatura caminando detrás de Slicer. Murió al instante.
¿Adivinan quién es?

Y, así, mi plan de escribir un relato de chico-busca-chica para Collier´s, una tierna y memorable historia de amor, se ve fustrado por la muerte de mi héroe.

Ahora bien, Horgenschlag nunca hubiese sido uno de aquellos diecisiete hombres en plena desesperación si a él mismo no le hubiese desesperado y aterrorizado el hecho de que Shirley no respondiese nunca a su segunda carta. Lo cierto es que ella no respondió. Ella nunca le hubiera respondido en cien años. No puedo cambiar esta realidad.

Qué vergúenza, qué pena que Horgenschlag, en la prisión, fuese incapaz de escribir la siguiente carta para Shirley Lester:

"Querida Lester:

Espero que estas pocas líneas no te ofendan ni te molesten. Escribo, Señorita Lester, porque que gustaría que usted supiera que yo no soy un vulgar ladrón. Robé su bolso, debe saberlo, porque me enamoré de usted desde el mismo instante en que la ví en el autobús. No hallé otra manera de que usted se fijase en mí que no fuera actuando tan zafia, tan tontamente, para ser más exacto. Uno es asi de tonto cuando se enamora.
Me encanta el modo en que sus labios se separan ligeramente.Para mí, usted representa la respuesta para todo. No he sido lo que dice infeliz desde que llegué a Nueva York hace cuatro años, pero tampoco he sido feliz. Más bien, podría describirme a mí mismo como uno de los miles de jóvenes que, en Nueva York, simplemente existen.

Vine a Nueva York desde Seattle. Quería convertime en rico, famoso, bien vestido, elegante; pero en cuatro años he aprendido que nunca voy a ser rico ni famoso ni elegante. Soy un buen auxiliar de imprenta, pero es justo eso todo lo que soy. Un día, el impresor jefe cayó en enfermo y tuvo que ocupar su lugar. Vaya desorden, Señorita Lester. Nadie quería obedecer mis órdenes. Los cajistas se reían burlonamente cuando yo les mandaba a trabajar, pero no les culpo. Soy un tonto si pretendo dar órdenes. Supongo que soy uno de los tantos millones que nunca han querido impartir órdenes. No me importa .Hay un chaval que mi jefe acaba de despedir. Tiene veintitrés años, y yo treinta y uno, y hemos trabajado juntos durante cuatro años. Sé que algún día el se convertirá en impresor jefe y yo seré su ayudante.No me importa saber esto. No me importa.

Amarte es la cosa más importante para mí, señorita Lester.Mucha gente piensa que el amor es sexo y matrimonio y los besos puntuales, y los hijos. Talvez sea todo esto, señorita Lester pero,¿sabe usted lo que yo realmente pienso? Yo creo que el amor es un don o incluso no es un don.
Supongo que es importante para una mujer que los otros la vean como la esposa de un hombre apuesto, rico, inteligente y famoso. Ni siquiera soy popular. Ni siquiera nadie me odia. Y sólo soy-y justito- Justin Horgenschlag. Nunca hice a nadie alegre, triste, enfadado, o disgustado. Yo creo que la gente me mira como a un buen tipo, nada más.

"Cuando yo era niño nadie me señalaba por ser astuto o inteligente o guapo. Si algo de mí destacaban eran mis piernas pequeñas y robustas.

"No espero ninguna respuesta a esta carta, señorita Lester. Me gustaría tener una respuesta más que otra cosa en el mundo, pero verdaderamente no espero ninguna. Yo simplemente quiero que sepa la verdad. Si mi amor por usted me ha conducido a una inédita y gran tristeza, yo sólo soy el culpable.

"Quizá un día usted entenderá y perdonará a su torpe admirador,
Justin Horgenschlag"

Sin temor a equivocarme, tal carta sería como la siguiente:

"Querido señor Horgenschlag:

Recibí su carta y me ha encantado. Me siento una miserable y culpable de que los acontecimientos hayan tomado tal cariz. ¡Si en lugar de robarme la cartera usted me hubiese hablado! Pero, mi conversación entonces le hubiese resultado tan fría...

"Es hora de almorzar en la oficina, y estoy sola escribiéndote.Sentí la necesidad de estar sola hoy a la hora del almuerzo. Pensé que si me iba a comer con las chicas al Automat y ellas charlasen atropelladamente como suelen hacer, soltaría de pronto un grito de terror.

"No me importa si tú no eres un triunfador o un hombre guapo, rico y famoso. Talvez, en otro tiempo, me hubiese importado. Cuando estaba en el Instituto yo siempre me enamoraba de los chicos de Joe Glamor: Donald Nicolson, el muchacho que caminaba bajo la lluvia y se sabía, de memoria, todos los sonetos de Shakespeare. Bob lacey, el guapisimo jugador de baloncesto que era capaz de encestar una canasta desde el medio de la pista, con el partido empatado y la bocina pitando el final. Harry Miller, tan introvertido siempre y con esos ojos marrones tan hermosos.

"Pero aquella parte loca de mi vida ya es pasado.

Esa gente de tu oficina que se reían maliciosamente de tus órdenes ya están en mi lista negra. Los odio como nunca he odiado a nadie.

Tú me viste justo cuando recién me había maquillado. Sin esa máscara, créeme, yo no irradiara tanta belleza. Por favor, escribe y díme cuándo te permiten tener visitas. Me gustaría que te fijases en mí por segunda vez. Quiero estar segura de que tú has fingido al cautivarme.

"¡Ah, cómo estoy deseando que le digas al juez por qué robaste mi cartera! Podríamos estar juntos y hablar horas y horas sobre tantas cosas que tenemos en común.

"Por favor, hazme saber cuándo puedo ir a verte.

Sinceramente tuya,

Shirley Lester."

Pero Justin Horgenschlag nunca conoció a Shirley Lester. Ella se bajó del autobús en la calle 56, y él se bajó en la calle 32. Esa noche Shirley Lester fue al cine con Howard Lawrence de quien se había enamorado. Howard pensaba que Shirley era una excelente amiga, nada más. Y Justin Horgenschlag esa noche se quedó en casa y escuchó una radionovela. Pensó en Shirley durante toda la noche y el próximo día, durante todo el mes. Un día, así de pronto, le presentaron a Doris Hillman, una chica que ya empezaba a temer que nunca conocería marido. Antes de que Justin Horgenschlag se diese cuenta, Doris Hillman expulsó a Shirley Lester de su cabeza. Pensar en ella ya no estaba en sus manos.

Por eso yo nunca escribí un relato de chico-busca-chica para Collier´s . En una historia de chico-conoce-chica, el chico siempre debe conocer a la chica.


©Jerome David Salinger, Septiembre de 1941

©De la traducción: José Manuel Poveda,2006.

www.freeweb.hu/tchl/salinger/

LAS MUJERES DE JONATHAN SWIFT.

martes, 27 de octubre de 2009

En la vida de Jonathan Swift hubo dos mujeres importantes:su esposa de Dublín(Stella)y su joven amante de Londres(Vanessa).
Sin embargo Swift, a pesar de haberse casado, permaneció célibe durante toda su vida matrimonial. Cuentan que no le gustaba quedarse solo con su esposa a no ser en presencia de una tal Mrs Dingley y sus perrillos falderos, quien se convirtió en la compañera inseparable de Stella.
Según Walter Scott, Swift sufría de algún defecto físico o simplemente de impotencia derivada de la sífilis.
Otros dicen que Swift, poco después de la boda,descubrió que ella era en realidad su hermana.
Lo cierto es que no era fácil convivir con una persona bipolar como Swift que lo mismo ansiaba con vehemencia la fama y el poder o ser un bohemio peregrino.
Lo mismo estallaba en un ataque de ira que le daba un ataque de empalagosa ternura.
Lo mismo buscaba la compañía de hombres célebres o lo mismo dialogaba con seres imaginarios como un tal Mr. Presto.
Todo el mundo le temía-más bien a su cáustica pluma-y el temía a todo el mundo. Misántropo convencido, se negaba rotundamente a tener descendencia: no quería añadir un ser más a la opulenta canallería de este mundo.
De ahí su famoso panfleto, Una modesta proposición(incluído en la Antología del humor negro, de André Breton) donde sugiere como una de las formas de controlar el crecimiento de la población mundial(y al mismo tiempo reducir el hambre)que las familias se comiesen a los bebés no deseados.
Swift tuvo el presentimiento de la Revolución Francesa y del capitalismo industrial.
Sobrevivió a muchos Ministros y a sus dos mujeres.Terminó absolutamente solo, demente y harapiento murmurando por las calles: "Yo soy lo que soy, Yo soy lo que soy".
Curisamente, lo que más temía en este mundo era precisamente eso: la soledad,la locura.

O NIETZSCHE O LIGNITO.

"Alemania, tierra de filósofos, no resiste a su sed de materias primas. Desde julio de 2006, Mibrag, una gran sociedad productora de energía que pertenece a poderosos inversores como son NRG Energy y Washington Group International, está realizando perforaciones de prueba en busca de lignito. La explotación minera debería ya estar operativa en el año 2025.
La lucha por el lignito, una piedra parecida a la hulla o al carbón y altamente contaminante,es voraz. Su explotación está devorando superficies a una velocidad vertiginosa:dos, tres mil hectáreas...no hay nada que pueda detener su progresión. Mibrag debe sustituir imperativamente dos centrales eléctricas obsoletas-emisoras de gran cantidad de dióxido de carbono-por una instalación más potente y más limpia de 660 megawatts. Y ha sido el sur de Leipzig la región elegida.
Y como, por razones de transporte y de economía, el lignito ha de extraerse lo más cerca posible de las centrales, la mala suerte le ha tocado a la ciudad de Röcken y a su hijo más célebre: Nietzsche."(Le Temps)


Nietzsche falleció en Weimar el 25 de agosto de 1900 y fue sepultado en su villa natal junto a la iglesia. Como era un asiduo blasfemo de la moral cristiana en su obra, al entierro no asistió el Pastor, y al redoble de las campanas fueron leídos versos de Así hablaba Zaratustra.
En la sepultura familiar de tres tumbas, su hermana Elizabeth yace en el centro, Nietzsche a la izquierda y sus padres a la derecha.
En 1986, el Gobierno de la antigua RDA incluyó la tumba del filósofo en la lista de lo monumentos de protección oficial.
200 parroquianos de Röcken se han manifestaron en Naumburg apoyando a una propuesta de Los Verdes para que la multinacional renuncie a la explotación de lignito. En vano. Ahora cifran sus últimas esperanzas en la Unión Europea y los compromisos de Alemania por reducir sus emisiones de CO2.
¿Y Nietzsche?
Pues, tendrá que mudarse.
Mibrag no dudaría un segundo en echarlo de allí. Después de todo Nietzsche, aparte de la "muerte de Dios", también vaticinó la decadencia del capitalismo industrial. Los comunistas, por un lado, prefirieron olvidar su obra. Su hermana Elizabeth hizo el resto: manipuló sus libros póstumamente de modo que Nietzsche fue asociado durante mucho tiempo como el fundador de la ideología nacional-socialista.

En definitiva, todo el sur de Leipzig con sus pueblos burgueses, coquetos, desaparecerá a golpe de sondajes y extracciones mineras.
El hambre energética del capitalismo pretende profanar los restos de Nietzsche. ¿A dónde irán a parar ahora sus huesos? ¿Peregrinarán medio mundo como los huesos de Beethoven?
Sinceramente, yo creo que a Nietzsche el destino de sus huesos le importaría más bien poco: de todos modos, su alma sigue por ahí, "a 6000 mil pies de altura más allá del hombre y del tiempo" riéndose de sus propios compatriotas, derribando ídolos filosóficos y religiosos a golpe de martillazos dialécticos.

PROUST, LOS HELADOS, EL HOTEL RITZ...

martes, 20 de octubre de 2009

Sin duda, un pasaje memorable en la gran novela de Proust es aquel donde Albertine fantasea sobre los helados en el hotel Ritz:

Mon Dieu, pero en el hotel Ritz temo que no encuentres columnas Vendôme de helados de chocolate y frambuesa, y entonces hacen falta varios para que parezcan columnas votivas o pilares elevados en un paseo a la gloria del Frescor.Hacen también obeliscos de frambuesa que se alzarán de tramo a tramo en el desierto ardiente de mi ser y cuyo granito rosa se fundirá en el fondo de mi garganta apagando su sed mejor que lo hiciera un oasis(...)Esos picos de hielo del Ritz parecen a veces el monte Rosa. Y al pie de mi medio helado amarillento de limón, veo muy bien postillones, viajeros, sillas de posta por las que mi lengua se encarga de hacer rodar unos aludes de nieve que se las tragarán(...)Y también me encargo de destruir con mis labios, columna por columna, esas iglesias venecianas de un pórfido que es fresa...Sí, todos esos monumentos pasarán de su lugar de piedra a mi pecho donde palpita ya su licuado frescor.

Más que una fantasía, es una sublimación de la felatio. Talvez algunas feministas radicales que desconozcan la vida y obra de Proust puedan pensar que se trata de un ejercicio puramente sexista, por mucha estética ruskiniana que lo ilumine. Se sorprenderán si digo que Albertine, en verdad, es una transferencia que hace Proust al convertir a un vulgar camarero suizo del Ritz en una de las heroínas literarias más famosas de todos los tiempos. Proust conoció a Henri Rochat-el camarero helvético-una noche que cenó allí con un apetito voraz e infrecuente: pidió pollo asado con patatas, verdura fresca y una ensalada aliñada con vinagreta de cebollinos. De postre, Proust tomaba los célebres helados de Ritz que le sugería el maître del hotel. Normalmente, un helado de vainilla.

Según Julia Kristeva,a Proust le fascinaba el hotel Ritz sobre todo por su iluminación(pantallas de color rosa y albaricoque en las luces que adornan las mesas y los salones) y sus helados.
"El hotel-escribe Kristeva- proporcionó otro indicio sensorial, éste netamente olfativo, para tejer las metáforas polimorfas de las pasiones proustianas: se trata de la comida y, en particular, del helado como emblema del amor –tan frío pero tan sabroso, majestuoso, impresionante–, del narrador y de Albertine. Albertine golosa, Albertine devoradora que se embriaga con palabras, como el pueblode la Edad Media con el dicere en el ritual de la Iglesia, y más aún con el pregón de los vendedores ambulantes."

Rochat era uno de los tantos mancebos que Proust "contrataba" al maître del Ritz para sus encuentros sexuales en su apartamento del bulevar Haussmann. A Paul Morand le gustaba contar la estrategia favorita de Proust para engatusar a un botones: lo hacía llamar y después empezaba a lavarse las manos. Cuando el niño entraba en la habitación, Proust que estaba medio inclinado sobre el lavabo le decía: "Amigo mío, tengo una propina para tí, pero no puedo dártela porque tengo las manos mojadas, por favor cójela del bolsillo de mi pantalón." En el caso concreto de Henri Rochat, se enamoró perdidamente, lo convirtió en su secretario aunque era demasiado inculto y no estaba cualificado para un trabajo de tal magnitud como era leer en voz alta el manuscrito de En busca del tiempo perdido...Curiosamente el talento de Rochat se enfocaba más bien hacia la pintura, las artes plásticas, como Albertine. Y también le gustaban las mujeres... como Albertine. Sin embargo, al camarero suizo enseguida le atrajo demasiado la vida lujosa, sobre todo las joyas, y Proust empezó a satisfacer sus deseos, gastándose en él más de veinte mil francos. Incluso le financiaba sus noches con prostitutas, y hasta pagó el tratamiento médico cuando Rochat contrajo una enfermedad venérea. Finalmente, luego de casi tres años de convivencia, se hartó de él y lo mandó a Buenos Aires. Su lugar fue ocupado por un apuesto y rubio mayordomo, el sueco Ernest Forssgren.

Según Jean Cocteau, otro indicio de que Albertine es una figura transficcional de Rochat puede ser la escena en que aquélla confiesa al Narrador su intención de "me faire casser le pot", una expresión francesa vulgarísima que se refiere a una relación anal pasiva. Una chica francesa que gusta de las mujeres jamás podría pronunciar semejante frase. Henri Rochat, sí. Cocteau, como muchos otros, piensa que todas las chicas que aparecen en la novela de Proust son en realidad chicos disfrazados. Y aquí resulta inevitable pensar en aquella escena de A la sombra de las muchachas en flor, en el estudio de Elstir, donde el Narrador descubre la acuarela de "Miss Sacripant". Esa imagen representaba a Odette en su juventud disfrazada de chico.
Para Proust, un escritor debe olvidar que tiene sexo y hablar por todos sus personajes, y el taller del pintor Elstir era para el Narrador un laboratorio de la nueva creación del mundo donde se fraguaba un nuevo Adán con naturaleza andrógina como exaltación de la fecunda bisexualidad que engendra seres divinos y humanos.
El sexo en la obra de Proust siempre aparece sublimado, incluso en sus pasajes sadomasoquistas o que rozan lo pornográfico. Como dice Malcolm Bowie en Proust bajo las estrellas: "Para el narrador de Proust, el deleite sexual es una cosa espléndidamente accidental, y el mejor modo de procurárselo muchas veces parece que implica no esforzarse demasiado ni estar en busca de nada más. Por otra parte, uno no necesita tener actividad sexual para tener experiencias sexuales. Pasear por el campo, jugar en los Campos Elíseos, escuchar música o meterse un trozo de deliciosa tarta en la propia boca puede activar los reflejos del placer de la criatura humana de un modo completamente impredecible y producir un éxtasis."
Si los personajes en las novelas de Thomas Hardy padecen de una "erotolepsia" que nada tiene que ver con el gozo sexual, los personajes de Proust en cambio viven en una eterna erotomanía que se manifiesta en todo lo que hablan, lo que comen, lo que sueñan. Toda esa erotomanía, esa jouissance, no deja de ser triste en el fondo, pero al menos conducen al Narrador hacia lo que verdaderamente le interesa: el acto creativo, el tiempo recobrado.



Fuentes consultadas:

"Proust enamorado" de William C. Carter.(ediciones Belacqva,2007)

"Proust bajo las estrellas" de Malcolm Bowie(Alianza Literaria,1998)

"La metamorfosis del Ritz" de Julia Kristeva, en Magazine Littéraire, enero1997, núm 350



ISLOMANÍA

lunes, 19 de octubre de 2009

En el cuaderno de notas de Gideon encontré una lista de enfermedades todavía no clasificadas por la ciencia médica, y entre ellas aparecía la palabra "islomanía" descrita como una dolencia del espiritu, rara pero de algún modo desconocida. Hay personas, solía decir Gideon, a quienes las islas les resultan irresistibles, quién sabe por qué. El simple conocimiento de que se encuentran en una isla, en un pequeño mundo rodeado por el mar, las llena de una indescriptible embriaguez. Estos "islómanos" natos son los descendientes directos de los atlántidas...


©Lawrence Durrell, Reflexiones sobre una Venus Marina.

OTRA VEZ LOS CABALLOS, OTRA VEZ...

domingo, 18 de octubre de 2009

No pude evitar que irrumpieran en mi cuarto los caballos salvajes, transparentes.
"Te advertí que cerraras bien las ventanas y contraventanas"-le dije a mi mujer que, frente al espejo, se blanqueaba el cutis con una crema hedionda elaborada con excremento de ruiseñor. Aquella máscara de consistencia lunar, en contrapunto con su bata verde estampada de peonías amarillas, le daba el aspecto de una geisha que se acicala para una ceremonia del té.
Los caballos trotaban impunemente, galopaban en círculos, relinchaban, resoplaban sus belfos, corcoveaban, sudaban sus ijares, sus grupas.Caballos de todos los colores y razas. Por más que intentaba espantarlos, atizarlos con el látigo de mi súplica, seguían dando vueltas y vueltas por toda la habitación sin ni siquiera rozar la cama, las cortinas, la mesa con el televisor y el buda obeso de jade.
En realidad, sabía bien que resultaba inútil cerrar ventanas, puertas, las trampillas del sótano y el desván: de todas formas entrarían los caballos salvajes con la misma impunidad del polvo y las moscas.
Mi mujer seguía retocándose su máscara de crema hedionda y al mismo tiempo protestaba:
"Otra vez tú con esos malditos caballos...Yo no los veo por ninguna parte. De veras que lo intento para creerte, pero nunca los veo ni los oigo, aunque si quieres traigo de la cocina unos kilos de zanahoria y manzanas, je,je.
"No sirve, no sirve...sólo se alimentan de palabras. Me paso horas y horas hablando con ellos o leyendo en voz alta para satisfacer su hambre de palabras...Sobre todo les encanta la Eneida de Virgilio, los poemas de Teócrito y las Odas elementales de Pablo Neruda. Detestan las novelas de cualquier tipo.Y mis poemas no pueden ni olerlos. Al parecer son caballos acostumbrados a beber en las fuentes purísimas de Aganipe y de Hipocrene.
"Empiezan a caerme bien tus caballos mentales.
"No son mentales, son reales. ¿No escuchas cómo resuenan sus cascos sobre el parquet? ¿No te parece como el agua de una cascada rompiendo sobre un cúmulo de estrellas de la Vía Láctea?
"Yo sólo escucho el ruido de la lluvia sobre los tejados, y el ronroneo de la gata en el sofá.

A medianoche- no sé por dónde- se marcharon sin dejar huellas.
Se esfumaron con el último acorde de la lluvia en los cristales.
Me tomé las pastillas, pero apenas lograba dormirme. No podía soportar la peste de aquella crema de excremento de ruiseñor que anulaba cualquier intento de gozosa intimidad.

PARIS NO SE ACABA NUNCA, DE VILA-MATAS.

Estas memorias de los años 70 pueden leerse lo mismo como un ensayo sobre Hemingway o una partícular "guía triste" de París donde aparecen los parques, los cafés más célebres,personajes como Margarite Duras-que fue su casera-, Severo Sarduy, Georges Perec, Roland Barthes, Borges, Paloma Picasso...hasta Jean Seberg, aunque en escorzo:

"Una mañana ví de verdad a Jean Seberg. Andaba con el pelo muy corto(como una heroína de Hemingway), gafas de sol y un vestido blanco de lunares negros. La ví pasar muy rápido por delante de uno de los frontones neoclásicos del Palais de Chaillot, donde hay inscritas en letras doradas unas solemnes frases de Paul Valéry escritas especialmente para ese lugar y que de pronto, ante el paso veloz de la bella Seberg, parecían estar encontrando su verdadera significación:
Depende de quien pase para que sea yo tumba o tesoro."

Es Vila-Matas en su salsa: pródigo en citas, en ironías, sarcasmos, hasta en situaciones cómicamente grotescas como esa disputa que tuvo en la cafetería del Ritz con su mujer-hubo algo más que palabras gruesas- por un malentendido sobre un célebre encuentro entre Hemingway y André Malreux poco después de la liberación de París. Lo de Hemingway en este libro es casi una obsesión: no sólo porque intenta parodiar su famoso "París era una fiesta", sino porque el propio Vila-Matas está convencido de que, con los años, cada vez se parece más fisicamente a Hemingway. Incluso cuando escribe,en un soberbio capítulo, sobre un idilio amoroso que tuvo el autor de "El viejo y el mar" con una chica de 18 años en Venecia, se nota una cierta nostalgia, una cierta envidia por no parecerse a Hemingway en eso .

"¿Y qué hacía yo en la buhardilla de Duras? Pues básicamente tratar de llevar una vida de escritor como la que Hemingway narra en París era una fiesta. ¿Y de dónde había sacado esa idea de tener a Hemingway como referencia casi suprema? Pues, de cuando tenía quince años y leí de un tirón su libro de recuerdos sobre París y decidí que sería cazador, pescador, reportero de guerra, bebedor, gran amante y boxeador, es decir, que sería como Hemingway?"

Por supuesto, durante su estancia en París no llegó a ser nada parecido a ese "héroe" hemingwaiano que, dicho sea de paso, ni el mismo Hemingway lo fue, al menos según como él nos ha contado en sus libros.
Las memorias parisinas de Vila-Matas no son más que un testimonio de un fracaso, el fracaso de un joven escritor barcelonés que quiere conquistar París con su primera novela, y al final tiene que regresar a su tierra sin parecerse en nada a Hemingway.

"Y hacia Relais me encaminaba cuando, andando por el boulevard de Saint-Germain, pasó como una fuerza del Mal, rozándome a propósito, con la música a todo volumen, el Mercedes descapotable de Paloma Picasso y quedaron mis pantalones totalmente empapados de agua."

Especial interés tienen también las páginas dedicadas a Margarite Duras, a Borges y sus lecturas clandestinas en la librería Zekian.
Un libro teñido de melancolía pero, como casi todos los de Vila-Matas,salpicado también de frases de suprema ironía y anecdotas humorísticas que no tienen desperdicio. Porque, al fin y al cabo, como dice el propio autor de Breve historia de la literatura portátil:

Nadie nos pide que vivamos la vida en rosa, pero tampoco la desesperación en negro.