GLAMOUR

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La palabra "glamour" se asocia con la moda, las estrellas cinematográficas o de televisión e incluso con algún deporte como el tenis. Sin embargo, el origen de esta palabra está muy lejos de su derivación actual. No es una voz francesa de origen inglés como dice la RAE. De hecho, en la mayoría de los diccionarios franceses sólo se reconoce "glamour" como un anglicismo cuyo equivalente en la lengua de Molière es "éclat". En realidad, esta palabra tiene su origen en el folklore escocés, es decir, que ni siquiera es inglesa.
Walter Scott y Robert Burns fueron los primeros que le dieron a "glamour" un uso literario. Scott, en su balada Christie´s Will nos cuenta como una banda de gitanos embaucan a un maestro de escuela mediante un encantamiento. Scott se refiere a estos gitanos como "glamour´gang", y en sus notas al poema nos aclara: "Además de los poderes proféticos que les atribuyen a los gitanos en la mayoria de los paises de Europa, el campesino escocés está convencido de que también posee el poder de arrojar sobre los transeúntes un hechizo que encantan sus ojos, de modo que terminan viendo lo que no es." Luego, en sus Cartas sobre Demonología y Hechicería(1830) nos define este poder de fascinación: "Este tipo de Hechicería es bien conocida en Escocia como glamour o deceptio visus, y se supone que sea un atributo inherente a la raza de los gitanos." Scott también utiliza esta palabra en su poema "Lay of the Last Minstrel"(1805) donde un enano, por medio del "glamourye" se convierte en un apuesto y fornido impostor.
O sea, que la palabra "glamour", en sus orígenes, se asociaba a poderes sobrenaturales, ciencias ocultas y mágicas, prácticas de hacer y deshacer hechizos. Sólo en el siglo XX esta palabra tomó su definitivo significado comercial y coloquial. Hoy sólo nos "encantan" los cosméticos y los vestidos de última moda que usan las grandes estrellas de Hollywood o de la televisión.
Curiosamente, el primer personaje "glamoroso" del mundo moderno fue un poeta, un gran poeta: George Gordon Byron,Lord Byron, un auténtico "glamour boy", algo así como el George Clooney decimonónico.

LA LOCA BESTIALIDAD, DE GIORGIO TODDE.

sábado, 20 de febrero de 2010



Quiero recomendar un libro: La loca bestialidad, una novela a la vez policíaca y vampírica, con un trasfondo de psicoanálisis. Su autor es un médico de Cerdeña llamado Giorgio Todde, y la ha editado Siruela en su serie Nuevos Tiempos.

¿Qué tiene que ver un triple asesinato con el hallazgo de un códice que contenía un supuesto Canto censurado de La Divina Comedia, un canto donde Dante Alighieri exalta la loca bestialidad, una crónica en versos que se referían a un tal Jacopo Naldini quien había sodomizado y luego matado a dos sobrinos suyos?

El meteorólogo Ugolino Stramini,un cincuentón climatérico, inventor de la climatología social es quien logra desentrañar el misterio del triple crimen, con la ayuda de un comisario con una cara cubista, un psiquiatra que en realidad no sabe leer en la mente de sus pacientes, un loco internado y obsesionado con la escatología(o sea la mierda), un eremita botánico que conocía el secreto de la levitación. El meteorólogo Ugolino(nombre dantesco donde los haya) quedó conmocionado ante el asesinato de su compañera de trabajo,la heredera de todos sus conocimientos sobre la climatología social: la doctora Gilda Costabruna, a quien amó durante doce años pero sólo con un amor sublime, a lo Petrarca. Sabía que la doctora era aún virgen y soñaba con desvirgarla. Para él ella representaba la pureza, el Empíreo. Por fin una noche, poco antes de su asesinato, Ugolino la invitó a comer albondiguillas de merluza en el café Onírico...sólo alcanzó a contemplar la pálida desnudez de un cadáver con rostro de heroína prerrafaelita. Entonces conoce a Emilia, una supuesta hermana de Gilda, y comienza la loca bestialidad...Ugolino intenta recuperar el tiempo perdido con Gilda disfrutando carnalmente de su hermana Emilia.

Bueno, poco a poco la investigación va revelando que ni Gilda era tan pura ni Emilia es...lo que parece.

Una novela literalmente de locos, que tiene como escenario a una ciudad sin nombre, a un tórrido verano, a los gatos, los grillos y un mar siempre melancólico.

Brillante narración de Giorgio Todde. Escrita con gran pulso, gran tono, sin concesiones.


©"La loca bestialidad", de Giorgio Todde, Ediciones Siruela,2008.

EL DIABLO EN LOS LIBROS

La bibliografía sobre el Príncipe de las Tinieblas siempre ha sido muy prolífica desde el siglo XVI. Recuerdo que, siendo muy joven, leí una Historia del Diablo escrita por Giovanni Papini, muy bien documentada pero obedeciendo más bien a un demonio de "postalita" diseñado por el Vaticano. Hasta Fernando Pessoa escribió un relato que no tiene desperdicio donde pone a dialogar a Satán y María. "Me han insultado y me han calumniado desde el principio del mundo. Los propios poetas(amigos míos por naturaleza)que me defienden, no han sabido defenderme bien. Uno de ellos(un inglés llamado Milton) me hizo perder una batalla indefinida que nunca llegó a realizarse. Otro( un alemán llamado Goethe) me dió el papel de alcahuete en una tragedia de medio pelo."-dice el Maligno a través de Pessoa(¿o es la revés?) en La hora del Diablo(Cuadernos del Acantilado,2003).
Curiosamente, a pesar de tanta escritura sobre Satán y sus infinitas máscaras, sus libros no parecen muy visibles en las librerías. Talvez sea pura estratagema del Maligno, una de sus tantas maneras de demostrar su don de ubicuidad y al mismo tiempo su invisibilidad. En efecto, siempre nos hace creer que no existe, pero está ahí, en todos los sitios de la vida pública y también privada; en todos los elementos de la materia y también de la antimateria. Y, para colmo, Internet parece haberse inventado a su medida: cuando parecía más bien arrinconado o ,por lo menos localizado, el Diablo ha encontrado en Internet un medio ideal para resucitar sus males y al mismo tiempo asegurar su anonimato. Hackers, pederastas virtuales, etc..no son más que nuevas máscaras demoníacas. Al parecer la victoria definitiva del Bien sobre el Mal es algo muy futurible, y el escenario de tal batalla no será este mundo. Al final, lo que narra La Guerra de las Galaxias no es sólo un cuentecito cinematográfico de George Lucas, sino la biopsia de un futuro apocalíptico, talvez más cercano de lo que uno pueda imaginar.
Hay dos libros que merecería la pena destacar a propósito: Diabolus. Las mil caras del Diablo a lo largo de la historia, de Simons Peter(Editorial Zenith,2006) y Historia del Diablo de Robert Muchembled(Cátedra,2004).
El primero, muy erudito, se acerca a la figura del Demonio con una perspectiva más bien teológica y antropológica, aunque está escrito de una forma muy amena rozando, a veces, el humorismo(macabro, claro está). El segundo, también erudito, pero enfoca la figura del Diablo a través de la historia y los medios de difusión masiva(literatura, cine, la pintura, el cómic).Incluye,como epílogo, una curiosa filmografía sobre el Príncipe de las Tinieblas. De cualquier modo, los dos libros son muy interesantes. Leyéndolos, le dan ganas a uno de haber sido Dios o Lucifer.

BAHIA DE SANTIAGO

viernes, 19 de febrero de 2010



Cuando era adolescente me iba hacia el Castillo del Morro en la bahía de Santiago.
Entonces creía que mi salvación estaba más allá del mar, el Mar Tenebroso. Soñaba con ser un petrel de cola negra y huir hacia Europa y anidar en una isla del Egeo para siempre.
Recuerdo que bajaba de una guagua en Punta Gorda y tomaba una lancha rumbo a Cayo Smith,frente a la Socapa, un muelle de pescadores. Allí subía hasta una pequeña iglesia en la cima de un promontorio. Detrás de la parroquia había un campo de beisbol invadido por los hierbajos y aquellos saltamontes tan verdes que llamábamos esperanza.Olía intensamente a mar y a excrementos humanos. Rodeado de mariposas amarillas y gatos hambrientos, contemplaba la bahía más bella del mundo.
En realidad, no sé si era la bahía más bella del mundo.
Hemingway, recién casado, viajó a Little Traverse Bay,Michigan Norte, un territorio mítico de su infancia. Cuando el coche bordeó una colina y de pronto apareció todo aquel mar tan azul, tan resplandeciente, Hemingway le dijo a su esposa: "Mira todo esto, tanto hablar de la belleza de la bahía de Nápoles. Yo he visto las dos, y ningún lugar es más hermoso que Little Traverse Bay con sus colores otoñales."
Para mí, no había lugar más bello en el mundo que aquella bahía de Santiago, aquel Morro con su mesón español, su tabernáculo con el Cristo sacramentado, sus cañones llenos de herrumbre que ya sólo resonaban en la imaginación de gaviotas y adolescentes perdidos.



STEVENSON BAJO LAS PALMERAS, DE ALBERTO MANGUEL

miércoles, 17 de febrero de 2010



Un atardecer,Robert Louis Stevenson paseaba por la playa, bajo las palmeras, y se topó con un misterioso escosés que se vestía como él o al menos llevaba un sombrero blanco de ala ancha como él. Rápidamente establecen comunicación. El hombre dice ser un misionero, de la Edinburg Missionary Society. Hacía tanto tiempo que había salido de Escocia que ya no la recordaba, ya no la echaba de menos. Todo lo contrario de Stevenson: "La distancia me la hace mucho más presente, incluso más que cuando vivía allí." Aquel hombre misterioso le dijo que no dejaría Samoa hasta que hiciese su trabajo. Cuando regresó a su mansión de Vailimia,Stevenson le comentó a Fanny que había conocido a un escosés, pero no a cualquier escosés. En realidad, se había encontrado con su alter ego.

Al siguiente día, hubo una fiesta en la aldea con todo el jaleo que comporta:el alborozo de los niños, el chillido de los cerdos que son sacrificados, el ruido de los cocoteros al caer derribados por el hacha...Allí, sentado en el portal de su casa, ante tanta claridad y obscenidad de lo "salvaje", Stevenson empieza a extrañar las heladas, las lluvias negras, el triste aspecto de las piedras de Edinburgo. En verdad, todo aquello le resultaba demasiado luminoso, demasiado real: "Recordaba su primer año en Samoa y el patio cubierto de papayas caídas,aquella piel amarillenta y lustrosa volviéndose oscura, la fruta abriéndose con toda su sensualidad, toda su carnosidad interior que huele a saliva." Le pareció tan repugnante como cuando vió, en Perpignan, a una ramera sentada en el banco de un prostíbulo con las piernas abiertas. Sin embargo, en Samoa, la desnudez de las mujeres no le causó la misma arcada. Le gustaba verlas bañarse en el mar, con sus flores de hibisco en las orejas, su piel oscura tan brillante y tan resistente como piedra volcánica. En medio de la fiesta, entre el ruido de los tambores y las guirnaldas de flores exóticas,las chicas cantaban bailaban, movían alegremente sus caderas al ritmo creciente de la música. Stevenson se fijó en una adolescente de extraordinaria belleza, la que más se movía al son de los tambores. Debía tener unos trece o catorce años. Estaba irresistible con sus negros cabellos recogidos por un cordón de tiaras y a la vez derramándose sobre sus hombros, aquellas flores de hibisco en las orejas, aquellos pechos que podía ver bajo una blusa de colorines. Una faldita de paja, decorada con perlas y conchas, revelaban sus muslos...Stevenson la miró a los ojos. Ella le correspondió y sonrió. Stevenson, sorprendido, avergonzado, volvió su cabeza. Cuando quiso mirar otra vez, la muchacha ya había desaparecido...Resulta que la muchacha era hija de uno de los jefes de su tribu y, poco después, apareció muerta, violada y estrangulada, en un paraje donde Stevenson solía pasear y donde se encontró, cerca del cadáver, un sombrero blanco de ala ancha, idéntico al del escritor y también al del misionero escosés. ¿Quién mató a la muchacha? ¿Stevenson o su Alter Ego?

Tootei, el padre de la chica, vió cómo en la fiesta Stevenson la miraba intensamente. Y allí, mirar de esa manera significa poseer, significa...ser poseído por lo demoníaco. El escritor, famoso allí por ser un contador de cuentos(Tusitala), pasó a ser poco menos que el demonio, aunque el demonio en realidad era su Alter Ego,Mister Baker, el misionero enigmático. Por mucho que Stevenson intente demostrar su inocencia, para los lugareños haber escrito sobre el mal, te hace también sospechoso de hacer el mal. Allí realidad y fantasía es lo mismo. "La historia comienza-le dice el propio Tootei a Stevenson-igual que tantas historias que tú me has contado, Tusitala: un hombre llega a una isla, y con él trae las cosas de su hogar-su cama, su mesa, sus libros, su esposa-y construye una nueva casa; pero las cosas que ha traído con él no son buenas para la isla o talvez a la isla no le gustan estas cosas. Así su cama se vuelve húmeda y poco saludable, y en su mesa no se sirven bien los alimentos, y sus libros se niegan a decirle algo, y su esposa se vuelve distante y poco apetecible. Y entonce, el hombre empieza a desear otras cosas que no son suyas sino de la isla.(...)Todas estas cosas están en la isla y también en sus sueños, pero no se atreve a tomarlas al despertarse. Y el hombre enferma, y su deseo se hace tan fuerte que se independiza del propio hombre y, como un cazador, se marcha por la mañana,y sale a cazar, y luego de abatir su presa, vuelve al cuerpo del hombre que nunca se entera de nada."

En el relato, de apenas 99 páginas, ocurren muchas cosas que, como es de suponer, no revelaré. Tanto fabuló Stevenson sobre la palabra "evil"(maldad) que al final le pasó la factura, sobre todo en un sitio donde esa palabra era un tabú pronunciarla o que se manifestase en palabras. No sé si Manguel se basa en hechos verídicos o simplemente esta narración es una fantasía propia de estos tiempos de metanovelas. Lo cierto es que lo ha bordado perfectamente, y que su relato huele a gran literatura.

BANQUETES FÚNEBRES



Tarquin Winot es el personaje protagónico de En deuda con el placer(1996), un libro del escritor británico John Lanchester. Erudito, gastrónomo, snob, mitómano,Tarquin Winot ha decidido escribir una novela extravagante sobre cocina . Y como buen snob todo lo que hacía era el eco o la pura imitación de otros personajes, reales o literarios, que se han convertido en mito. Por ejemplo, imitando al Des Esseintes de Huysmans, en A Rebours, Tarquin Winot, cuando era universitario en Cambridge, había preparado un menú que sólo incluía cosas de color negro:
"Había pintado mi habitación de negro: cama, sábanas, accesorios, bombillas...Todo negro. En mi cuarto negro, vestido de terciopelo negro, con una corbata de seda negra-sin que hiciera falta cambiar el color de la única orquídea de mi solapa-preparé una comida que consistía enteramente en comida negra: trufas a la plancha sobre pasta con tinta de calamar,seguidos de boudin noir sobre un lecho de radicchio negro."
De postre: crème brulée teñida de negro.
La bebida: Black Velvet de Dublín, un coctel que fue inventado hacia 1861, en el Brook´s Club de Londres cuando acababa de morir el príncipe Alberto y todo el mundo estaba de luto. El regente del club ordenó que el champán se pusiera también de luto y lo mezcló con Guinness.

Los fanáticos de la novela de Huysmans A Rebours(1884) seguramente habrán identificado el plagio admitido de Lanchester, y recordarán ese capítulo donde Des Esseintes, esteta decadente e insoportable, improvisa un banquete fúnebre, todo de color negro:

Muy sonados fueron también los banquetes que ofrecía a los hombres de letras; especialmente uno de ellos, en el que organizó un festín funerario, a imitación de los que existieron en el siglo XVIII, para celebrar el más banal de los infortunios.
Consistió en una cena servida sobre un gran mantel negro, engalanado con canastillas de violetas y escabiosas, e iluminado con unos candelabros de llamas verdes y con candeleros de cirios chisporroteantes. El comedor, adornado con colgaduras negras, comunicaba con el jardín de la casa, transformado al efecto, de forma que sus caminos se presentaban recubiertos con polvo de carbón, su estanque quedaba ahora rodeado con una franja de basalto y lleno de tinta, y en la parte cultivada aparecían filas de cipreses y de pinos.
Mientras una orquesta oculta interpretaba marchas fúnebres, los comensales eran atendidos por mujeres negras desnudas que calzaban chinelas y medias plateadas, salpicadas de lágrimas.
En platos ribeteados de negro, los invitados fueron comiendo sopa de tortuga, pan de centeno ruso, aceitunas de Turquía, caviar, huevas condimentadas de mújoles, morcillas ahumadas de Francfort, vanados guisados en salsa color betún, jaleas de trufas,cremas de chocolate,
pudins,griñones,arrope,moras y cerezas negras; y bebieron, en vasos oscuros, vinos de Limagne, del Rousillon,Tenedos,Valdepeñas y Oporto.Después de tomar el café y el cordial de nuez,saborearon licores de Kwas y cervezas negras inglesas.


Tanto Tarquin Winot como Des Esseintes son personajes de ficción novelística, pero se inspiran en un personaje real del siglo XVIII, un aristócrata bohemio y sibarita, el primer periodista gastronómico de la historia, el auténtico patrón de las guías estilo Michelin: Grimod de la Reynière(1758-1837). Alcanzó la celebridad literaria con dos libros: El Almanaque de los golosos y Manual de anfitriones. Entre 1782 y 1786 celebra sus míticas comidas en su fastuoso hotel de los Campos Eliseos (hoy Embajada de los Estados Unidos) donde se reunían los más famosos intelectuales de la Francia ilustrada. Esos banquetes seguían la pauta de las antiguas comilonas de los romanos al estilo de Luculus, Trimalción o Pacuvius. Pero, sobre todo, fue muy famoso un banquete fúnebre que organizó Grimod en 1783 con todo el ceremonial de un rito masónico donde los comensables estaban rodeados de craneos humanos a guisa de lámparas, coronas de rosas mortuorias. La mesa tenía la forma de un inmenso catafalco, las copas de cristal estaban talladas como si fuesen vasos lacrimatorios y funerarios, y los platos de porcelana tenían como tema en sus pinturas una extraña mezcla de motivos galantes y fúnebres. Eso sí: el menú, con siete entradas, fue exquisito. Las mejores carnes, los mejores pescados y mariscos. La mejor repostería de París.(No sabemos si en negro) Los platos eran servidos por bellísimas muchachas disfrazadas de ninfas y bacantes, pero el café y el licor lo servían hombres vestidos de negro como agentes funerarios. Para digerir el atracón, los comensales fueron invitados a escuchar una orquesta que tocaba unRéquiem y al mismo tiempo un coro cantaba pequeñas arias de óperas cómicas.O al revés: la orquesta ejecutaba valses y contradanzas, y el coro entonaba un desolador De profundis.
La verdad que unos pocos párrafos no pueden resumir todo lo que pasó en aquel banquete que anunciaba ya los estertores del Antiguo Régimen.
Y todo porque Grimod de la Reyniére se había enamorado de una chica de la Opera. Quería demostrarle a sus invitados, hombres de letras, que a pesar de las locuras que le inspiraba el amor,todavía no había dejado de ser un filósofo-gastrónomo que sabía disertar sobre Eros y Tanatos.

BREVE HISTORIA DEL COLOR VERDE, DE MICHEL PASTOUREAU

sábado, 13 de febrero de 2010



Un color mediano, apacible, no violento...Esto se ve nítidamente en los textos romanos y medievales, y en el célebre tratado que escribió Goethe hacia el fin del siglo XVIII: el poeta(que adoraba el azul) recomienda el verde para los papeles pintados, el interior de los apartamentos y especialmente-dice Goethe-para la habitación de dormir. El verde, según él, tiene virtudes tranquilizantes. Los teólogos que han codificado los colores litúrgicos tenían la misma opinión: el verde fue instituído como el color de los domingos ordinarios.
Pero, desengáñate, no es un color tan tierno, sin historia. A través de los siglos, el verde ha manifestado, por el contrario, un carácter transgresivo y turbulento. Yo descubrí una carta de un protestante francés que se refiere a la Feria del Libro de Francfort hacia el año 1540: "Se ven muchos hombres vestidos de verde, y eso, en nuestra tierra, revelaría un cerebro más bien atrevido, pero aquí parece algo normal."Excepto en Alemania, el verde era considerado pues como algo excéntrico. De hecho, es un color apasionante para el historiador, ya que comporta una sorprendente fusión entre lo técnico y lo simbólico.
Antaño, el verde tenía la particularidad de ser un color químicamente inestable. No era muy complicado de obtener: numerosos productos vegetales, hojas, raíces, flores, cortezas, pueden servir de colorantes verdes, pero estabilizarlo, ya es harina de otro costal. En tintura, estos colorantes se mantienen mal en las fibras, y los tejidos toman rápidamente un aspecto deslavazados. Lo mismo en la pintura: las materias vegetales(sea el aliso, el abedul, el puerro y la misma espinaca) se desgastan a la luz; y las materias artificiales(por ejemplo el verde-gris, que se obtiene oxidando el cobre con con vinagre, orina o toba) aunque dan bellos tonos, intensos y luminosos, son corrosivos: el verde fabricado de este modo es un auténtico veneno(en alemán, se habla del Giftgrün, verde veneno). En un período relativamente reciente, las fotografías en color se caracterizaban también por ese carácter volátil del verde. Miremos las instanstáneas de los años 60: cuando los colores se esfuman, es siempre el verde el primero en desaparecer. Conclusión: sea cual sea la técnica, el verde es inestable y, a veces, muy peligroso.
La simbología del verde se ha establecido casi alrededor de esta noción: representa todo lo que se mueva, cambie o varíe. El verde es el color del azar, del juego, del destino, de la suerte, de la oportunidad...En el mundo feudal, era sobre un prado verde donde se desarrollaban todas las contiendas judiciales. Los titiriteros, los bufones, los cazadores se vestían de verde, al igual que los jóvenes y los enamorados que tienen, como es sabido, un carácter voluble(el "verde paraíso de los amores infantiles", esas primerizas conmociones susceptibles de variar)...Desde el siglo XVI, en los casinos de Venecia, se juega a las cartas sobre tapices verdes(de ahí la expresión "langue verte"en el argot de los jugadores) y, en el siglo XVII es también sobre mesas verdes donde se juega en la corte. Dondequiera, uno arroja su dinero, sus cartas o sus fichas sobre el color verde. Lo mismo hoy en día: las mesas de los consejos de administración donde se decide el destino de las empresas, son verdes. También los campos deportivos, y no solamente cuando se trata de césped. Si no, miremos la mayoría de los campos de tenis en pista dura o las mesas de ping pong.
El verde representa la buenaventura pero también la adversidad, la fortuna pero también el infortunio, el amor naciente pero también el amor infiel, la inmadurez(los frutos verdes) pero también el vigor(un viejo verde)...A través de los tiempos, este color siempre tan inquieto, ha tenido una connotación negativa. Así, se tenía la costumbre de representar en verde a los malos espiritus, a los demonios, dragones, serpientes y otras criaturas maléficas que erraban entre el mundo terrestre y el Mas Allá. Los hombrecitos verdes de marte no son otra cosa que los sucesores de los demonios medievales. Hoy en día, los comediantes normalmente rechazan vestirse de verde sobre el escenario(la leyenda reza que Molière murió vestido de un traje de tal color). En el mundo editorial, los libros que tengan las cubiertas en verde se supone que tienen menos éxito, y los joyeros saben que las esmeraldas se venden menos que las otras piedras ya que tienen reputación de traer la desgracia. Todas estas supersticiones se remontan a un tiempo donde el verde era considerado inestable y ponzoñozo.

¿Es una casualidad que el dólar, el rey de los billetes monetarios, sea verde? ¡No existe nunca casualidad en la elección de los colores! En otro tiempo, el símbolo del dinero, era lo dorado y lo plateado que, en el imaginario popular, remitía al metal precioso de las monedas. Cuando se fabricaron los primeros billetes de dólar, entre 1792 y 1863, el verde ya se asociaba a los juegos del dinero y, por extensión, a la banca y las finanzas. Los impresores no hicieron otra cosa que prolongar un antiguo símbolo. Si el dinero no tiene olor, sí que tiene un color.
La idea de obtener el verde mezclando el azul y el amarillo es algo muy reciente. Nuestros ancestros, antes del siglo XVII, jamás hubiesen pensado fabricar el verde de tal mezcolanza. Sabían perfectamente cómo obtenerlo y, en la escala de los colores, no lo situaban entre el azul y el amarillo. La clasificación más corriente era la de Aristóteles: blanco, amarillo, rojo, verde, azul, negro...Fue el descubrimiento del espectro por Newton lo que nos dió otra clasificación, y no fue hasta el siglo XVIII cuando verdaderamente se comenzó a mezclar el amarillo y el azul para obtener el verde. Oudry, un pintor francés, se escandalizaba al ver a sus colegas de la Academia de Bellas Artes entregarse a tal práctica.
Los químicos del siglo XVIII pretendían que un color resultado de una mezcla no tenía el mismo valor que los otros: desarrollaron una teoría seudo-científica definiendo colores "primarios"(amarillo, azul, rojo) y colores "complementairos"(verde, violeta, naranja). Esta tesis ha influenciado a los artistas del siglo XIX y del siglo XX, hasta el punto de que numerosas escuelas pictóricas han decidido no utilizar otros colores que no sean los denominados "de base" y, eventualmente, el blanco y negro. Un notable movimiento de diseño como el Bauhaus, que deseaba poner en armonía a el color y la función de los objetos, se tragó ingenuamente esa "verdad" científica y especuló con colores puros e impuros, calientes y fríos, estáticos y dinámicos. Y es nuestro verde, relegado a un segundo rango, quien más ha sufrido.Pintores como Mondrian casi lo prohibieron para sus obras. Bajo el pretexto de ceñirse a las verdades de la ciencia, el arte excluyó al verde del mundo de los colores.
Esta teoría de los colores primarios y complementarios no se corresponde a ninguna realidad social, niega todos los sistemas de valores y de símbolos que se le han atribuido al color desde hace siglos, se resiste en admitir que el color, en principio, es un fenómeno esencialmente cultural. Tal clasificación demuestra un inquietante desconocimiento de la historia. Curiosamente, esta situación ha suscitado otra realidad simbólica del verde: al ser considerado como el "complementario" del rojo, color de lo prohibido, ha devenido en su contrario, el color de la permisividad. Esta idea se impuso a partir de 1800, cuando se inventó una señalización internacional para los barcos, más tarde adoptada también por los trenes y los automóviles. Hoy en día, nuestra sociedad urbana, ávida de clorofila, ha convertido al verde en un símbolo de juventud, de salud, lo que hubiera sido imcomprensible para un europeo de la Antigüedad, del Medioevo e incluso del Renacimiento pues, para ellos, el verde nada tenía que ver con la naturalez, algo que el espiritu moderno difícilmente puede comprender: hasta el siglo XVIII, la naturaleza era definida sobre todo por los cuatro elementos: el fuego, el aire, el agua y la tierra.Sólo el vocabulario sugiere una relación entre el verde y la vegetación. La palabra latina "viridis" se asocia a la energía, la virilidad, la savia. En las lenguas antiguas, se confundía el verde, el azul y el gris en un mismo término, el color del mar en definitiva(es aún el caso del bretón moderno con la palabra "glas"). Quizá también el islam primitivo que primeramente asociaba el verde con la naturaleza: en la época de Mahoma, todo lugar que verdece era sinónimo de oasis, de paraíso. Se cree que al Profeta mismo le gustaba llevar un turbante y un pabellón verdes. Este color se ha convertido en algo emblemático dentro del mundo musulmán, lo que ha contribuido talvez a desvalorizarse a los ojos de los cristianos en períodos de hostilidad.
"En Occidente, la asociación del verde con la naturaleza se remonta a la época romántica. Después, a mediados del siglo XIX, en el momento en que ciertos comercios urbanos se van dotando de signos de reconocimiento, los boticarios-a fin de cuentas, la farmacopea se basa en las plantas- eligieron el verde vegetal para el color de sus cruces(en Italia, sin embargo, las cruces de las farmacias son rojas como la sangre). Hay que remarcar que, desde hace una veintena de años, ciertas farmacias en Francia han optado por una cruz azul, sin duda para recordar el azul de los hospitales o para asociar la farmacia, no tanto a las plantas, a la ciencia y a la técnica.
El verde de la vegetación ha devenido aquel de la ecología y el de la pulcritud. En París, los cubos de basura, los camiones basureros e incluso la vestimenta de los barrenderos son de este color. El verde se ha convertido en el símbolo de la lucha contra la inmundicia, en el más higiénico, junto al blanco, de los colores contemporáneos. Desde hace quince años, he notado también un verdadero frenesí del verde en los logotipos y blasones de pueblos, ciudades, regiones. También en los clubes de futbol. En fin, nuestras sociedades contemporáneas han llevado a cabo una gran revalorización del verde, en otro tiempo color del desorden y de la transgresión, ahora el color de la libertad.



©Michel Pastoureau/Dominique Simonnet. L´express Livres,2004.


DE YASUNARI KAWABATA



"Hay una novela de mi padre en la que he pensado con frecuencia desde que le sucedió este percance. En ella escribe sobre un joven que le envía cartas extrañas casi todos los días y que deseaba ser escritor. El muchacho se volvió loco y lo recluyeron en un manicomio. Por ser peligroso no le permitían tener ni plumas ni tintero ni lápices. Lo único que podía tener en la habitación eran resmas de papel para escribir. Cuentan que se pasaba el día frente al papel en blanco escribiendo...O, más bien, con la idea de que estaba escribiendo. Porque el papel permanecía en blanco. Lo que he dicho hasta aquí fueron los hechos. Lo que sigue es el relato de mi padre. Cada vez que la madre iba a hacerle una visita, el muchacho le decía: "Mamá, he escrito algo ¿me lo lees, por favor?"Al ver la hoja de papel sin una letra, la madre sentía ganas de llorar, sin embargo mostraba un rostro sonriente y le decía: "Está muy bien escrito.¡Qué interesante!" Con mucha frecuencia, importunada por los ruegos de su hijo, la madre le leyó la hoja de papel en blanco. Se le ocurrió contarle sus propias historias, haciendo ver que las leía.(...)La madre le cuenta al joven su niñez. El joven loco cree que lo escucha es el documento que él escribió con sus propias memorias.Los ojos le brillan de orgullo. La madre no sabe si él comprende o no lo que le cuenta. Sin embargo, al repetir la historia cada vez que lo visita, se va volviendo poco a poco más hábil hasta que llega un momento en que tiene la impresión de estar leyendo de verdad una obra de su hijo. Recuerda cosas que había olvidado. También los recuerdos del hijo se van tornando hermosos. El hijo convoca el relato de la madre,colabora con ella, reconstruye los hechos. Mientras la madre está contando la historia se olvida de sí. Puede olvidar la locura de su hijo. Mientras el hijo escucha la lectura con tanta concentración no es posible discernir si está loco o no. Durante esos instantes, el alma de la madre y del hijo se funden en una sola. Se sienten felices como si estuvieran viviendo en el cielo. Y así, mientras se desarrolla esta experiencia, la madre sigue leyendo hojas en blanco convencida de que el hijo ha de sanar de su locura."

©Yasunari Kawabata(tomado de su libro de cuentos "Primera Nieve en el Monte Fuji")


PAUL MORAND Y LA VELOCIDAD

martes, 9 de febrero de 2010



Hoy en día, la diosa de medio mundo es la velocidad.
Santa Velocidad.
Con razón decía Roland Barthes que los coches eran al siglo XX lo que las catedrales góticas al Medioevo.
La velocidad es una especie de mantis religiosa que siempre termina devorando a su amante: el conductor, ese devoto que la idolatra aún más que a su propio coche, su propia vida.
Hoy en día, la gente está obsesionada con desplazarse ya sea por razones laborales o puramente lúdicas
"Hay que asesinar a la velocidad, esa asesina(...)Los motores hacen ruido como las personas que no tienen nada que decir."
."Ya no hay más que viajeros. Un sedentario es un ser original."
"La velocidad es una ruta sembrada de muertos, una sed perpetua que nada sacia, un suplicio omitido por Dante.(...). La velocidad es un corto delirio, más breve que el amor."
Todo esto lo escribió Paul Morand en Le voyage(1970), una indagación sociológica sobre la figura del viajero, pero también una breve historia del turismo y un ensayo filosófico sobre la "vitesse" y su impacto en la civilización de la caravana.
Un coche es algo fálico, otro modo de llegar al orgasmo, de igualar nuestro poder-en vida- con el poder de la muerte.
El verdadero Papa de la juventud se llama Fernando Alonso, y cada circuito de carreras para la Fórmula 1 equivale a una catedral donde la misa es el ruido del motor y el éxtasis divino es la sensación de casi emular a la velocidad de la luz.
EL hombre no parará hasta sentirse más rápido que la luz. Aunque esto suponga un parte de guerra desolador, una epidemia de muertes absurdas.
Dice el filósofo francés Paul Virilio: "La violencia de la velocidad domina el mundo de la técnica pero, como en tiempos de la Esfinge, sigue siendo el principal enigma.(...) El viajero, habitante de los medios de transportes veloces, se vuelve un negador de las dimensiones terrestres."
He aquí una definición exacta para estos terroristas de carretera: un negador de las dimensiones terrestres. Normalmente ricos, son como marqueses de Sade que no pueden saciar su sed satánica de violar, incluso matar en nombre de su Diosa.