DIOS (un poema de Kaveh Akbar)

miércoles, 1 de agosto de 2018

Estoy listo para el regreso
hacia ti. Ya sea en un tren repleto
de agonizantes
criminales o en el
lomo reluciente de una
langosta, Otra vez
eres necesario.

La tierra es un gigante tablero
de ajedrez donde las negras
casillas se quedan con toda la lluvia.
En esta casilla la humedad esta
enloqueciendo a la gente: todos
los banqueros aullan

en los bosques mientras se desploman
sus ganancias, una florista masca
flores
para escupir bocados por doquier
mientras el polen bruscamente
se apodera de los pulmones
de su hija. Existe una
razon exacta de abandonar. Dulces
nadas amargas
en el aire mientras el oceano
 ulula a si mismo para dormir. Yo
vivo del craneo
de un gigante y ardiente cerebro, el
nucleo de la tierra. A veces
puedo sentir su pulsaciones
a traves del barro, incluso
si tu lo ignoras.
La mente quiere lo que
quiere:
diarios periodicos, chascar
tortugas. una libra de carne. El
trabajo que he estado haciendo
es una especie de borrado. Yo
arrojo mi cenicero dentro de un
balde de pintura y me
cubro

con el lustre gris, revolcandome
sobre las alfombras de
ricos desconocidos.
mientras aplauden y sorben
guiski escoces.. Un cuerpo
puede causar que ocurra casi

cualquier cosa. Recuerdas cuando
tu respirabas a traves de mi
boca, tu aliento
deviniendo el mio? Recuer-
das cuando tu cantabas para
mi y yo caia sobre el suelo,
convirtiendome en miles
de ratones? Fuese lo que fuese
lo que practicamos
no puede suceder sin
ti. Pense que te habia visto
el año pasado, tus muslos envueltos
en corteza, tambaleando
hacia la playa al amanecer.
Era solo niebla
y deseado silencio. Dicen
que incluso la añoranza tiene
sus limites: en un balde, una anguila

simplemente dejara de nadar
mucho antes de morir de hambre.
Unos lobos heridos quedamente
se alejaran de su manada
para morir solitarios, distantes.
No sabes lo escalofriante
que es llegar aqui? Las garras
que me hicieron caer dejaron
largas cicatrices alrededor
de mi cuello que aun me arden
al viento. Me prometieron la
la epifania, la miel

de la tierra, y una riada de leche,
pero me conformare con cualquier cosa
que ahora te traiga,
a ti chucho aun hambriento,
 a ti  abarrotado de huesos, a ti,
sin olor como el oro.

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